Jueves 28 mayo, 2015 | 04:00 pm 

¿Quién no ha sentido el deseo de entrar en una casa de espejos? ¡Cuántas sensaciones encontradas provoca!. Vanidad, incomodidad, distorsión, confusión, miedo, desesperación, entre otras, son las emociones que se viven en ella.

El desconcierto, la incertidumbre y la sensación de haber perdido el rumbo que experimentamos actualmente nos hace pensar que la casa de los espejos es una buena representación de la forma en que la mala política destruye el camino de la buena economía.

Miles de candidatos a los puestos políticos se acicalan frente a los espejos anhelando las adhesiones y los votos. Políticos profesionales y profesionales políticos, políticos empresarios y empresarios políticos, políticos religiosos y religiosos políticos. Entremezclan intereses e imágenes. Sobredimensionan virtudes propias y defectos ajenos. Unos tratan de generar optimismo, otros siembran temores. De una manera u otra, hemos construido la más confusa y distorsionante casa de los espejos. La peor de las situaciones en la que puede quedar atrapado un empresario no político.

Las reformas económicas de los 90’s destruyeron la casa de los espejos construida entre los 70s y 80s. Pero se construyó otra que se vino abajo en la crisis política del 2000-2001. El crecimiento sostenido que logramos posteriormente nos hacía pensar que la economía marchaba por un camino diferente al de la política. Ahora entendemos que, en realidad, la política peruana estaba construyendo una nueva casa de los espejos en la que estamos atrapados.

No tenemos respuestas claras: ¿estamos mal por la crisis internacional o por una crisis nacional? ¿Estamos construyendo un modelo de crecimiento con desarrollo o estamos desarrollando un modelo con destrucción del crecimiento? ¿Agro sí oro no, es realmente un dilema? La SUNAT y los contribuyentes, los empleadores y los trabajadores, los acreedores y deudores, todos ellos, ¿tienen que estar inevitablemente enfrentados?. Sin darnos cuenta, nos convertimos en los espejos de la casa y quedamos atrapados en las expectativas más negativas y destructivas.

Al final, ¿cuál será la mejor solución? ¿Esperar que venga un guía que nos demuestre que la salida estaba muy cerca de nuestras narices?¿o cambiar todos para destruir la casa de los espejos?. Nos gustaría que las próximas elecciones presidenciales la asumamos todos con una mentalidad y un propósito distinto.

Comentarios  

0 #1 Enrique Soto 05-06-2015 05:11
"El peor analfabeto es el analfabeto político.
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas".
(Bertolt Brecht)
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